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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Focolare Movement</provider_name><provider_url>https://focolares.es/en</provider_url><author_name>admin</author_name><author_url>https://focolares.es/en/author/afesersl_mcjhk9wv/</author_url><title>La revoluci&#xF3;n del &#x201C;don&#x201D; - Movimiento de los Focolares</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="cjUhwt6rSf"&gt;&lt;a href="https://focolares.es/en/idea-del-mes/noviembre-2024/"&gt;The &#x201C;gift&#x201D; revolution&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://focolares.es/en/idea-del-mes/noviembre-2024/embed/#?secret=cjUhwt6rSf" width="600" height="338" title="&#x201C;La revoluci&#xF3;n del &#x201C;don&#x201D;&#x201D; &#x2014; Movimiento de los Focolares" data-secret="cjUhwt6rSf" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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&lt;/script&gt;</html><description>Cada d&#xED;a nos bombardean con las im&#xE1;genes de la sociedad de la apariencia. En todas las naciones, la globalizaci&#xF3;n impone un modelo en el que la riqueza, el poder y la belleza f&#xED;sica parecen ser los &#xFA;nicos valores. Sin embargo, basta con pararse a observar a las personas que encontramos cada d&#xED;a en nuestras ciudades (en un tren, en el metro, en la calle) para darse cuenta de que existe una realidad diferente hecha de peque&#xF1;os gestos cotidianos de solidaridad, padres que acompa&#xF1;an a sus hijos al colegio, enfermeras que se levantan de madrugada para llegar a su puesto de trabajo, pr&#xF3;ximas a las personas que sufren, trabajadores que desempe&#xF1;an sus tareas con seriedad y compromiso en f&#xE1;bricas, comercios, oficinas. Por no hablar de las numerosas acciones de voluntariado. Hace falta una mirada de verdad, capaz de ir m&#xE1;s all&#xE1; de las apariencias. Una mirada que valore lo positivo de cada persona, d&#xE1;ndose cuenta de que son esos peque&#xF1;os gestos cotidianos los que mantienen en pie a la sociedad. Y a&#xFA;n m&#xE1;s revolucionarios son los gestos de quienes, a pesar de vivir en situaciones que rozan la pobreza, se dan cuenta de que a&#xFA;n pueden &#x201C;dar&#x201D;, acoger, compartir una comida o una habitaci&#xF3;n porque siempre hay alguien &#xAB;m&#xE1;s necesitado&#xBB;. Y lo hacen por sentido de la justicia, con un coraz&#xF3;n generoso y desinteresado. El don, lo sabemos, no es s&#xF3;lo material. Chiara Lubich nos dec&#xED;a: &#x201C;Demos siempre; demos una sonrisa, una comprensi&#xF3;n, un perd&#xF3;n, un o&#xED;do que escucha; demos nuestra inteligencia, nuestra voluntad, nuestra disponibilidad; demos nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras ideas (&#x2026;), nuestra actividad; demos nuestras experiencias, nuestras habilidades, nuestros bienes reexaminados peri&#xF3;dicamente para que nada se amontone y todo circule. Dar: que &#xE9;sta sea la palabra que no nos d&#xE9; tregua&#x201D;[1].&nbsp; Esta idea es, pues, una invitaci&#xF3;n a una generosidad que viene de dentro, de la pureza de los corazones que saben reconocer la humanidad sufriente reflejada en el rostro a menudo desfigurado del otro. Y es precisamente en este don donde nos encontramos m&#xE1;s libres y m&#xE1;s capaces de amar. Esta fue la experiencia de Etty Hillesum, una joven holandesa que vivi&#xF3; sus &#xFA;ltimos a&#xF1;os, antes de morir, en un campo de concentraci&#xF3;n en Auschwitz. Fue capaz, hasta el final, de amar la belleza de la vida y de dar gracias por &#x201C;este don de saber leer en los dem&#xE1;s. A veces las personas son para m&#xED; como casas con la puerta abierta. Entro y recorro los pasillos y las habitaciones, cada casa est&#xE1; amueblada de forma un poco diferente, pero al final es igual que las dem&#xE1;s, hay que hacer de cada uno una morada consagrada&#x2019; (&#x2026;). Y all&#xED;, en aquellas chabolas pobladas por hombres aplastados y perseguidos, encontr&#xE9; la confirmaci&#xF3;n de este amor&#xBB;[2]. La totalidad del don es una l&#xF3;gica que construye una comunidad pacificada, porque nos impulsa a cuidarnos unos a otros. Nos anima a vivir los valores m&#xE1;s profundos en lo cotidiano, sin apariencias. Es un cambio de mentalidad que puede llegar a ser contagioso. Venant naci&#xF3; y creci&#xF3; en Burundi. Cuenta: &#x201C;En el pueblo, mi familia ten&#xED;a una buena granja, con una buena cosecha. Mi madre, consciente de que todo era un regalo de la naturaleza, recog&#xED;a los primeros frutos y los repart&#xED;a puntualmente entre el vecindario, empezando por las familias m&#xE1;s necesitadas, d&#xE1;ndonos s&#xF3;lo una peque&#xF1;a parte de lo que quedaba. De este ejemplo aprend&#xED; el valor de la entrega desinteresada&#x201D;. [1] Conexi&#xF3;n 23 abril 1992[2] Etty Hillesum, Diario</description></oembed>
