{"version":"1.0","provider_name":"Focolare Movement","provider_url":"https:\/\/focolares.es\/en","author_name":"admin","author_url":"https:\/\/focolares.es\/en\/author\/afesersl_mcjhk9wv\/","title":"La revoluci\u00f3n del \u201cdon\u201d - Movimiento de los Focolares","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"QGdJehDP97\"><a href=\"https:\/\/focolares.es\/en\/idea-del-mes\/noviembre-2024\/\">The \u201cgift\u201d revolution<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/focolares.es\/en\/idea-del-mes\/noviembre-2024\/embed\/#?secret=QGdJehDP97\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;La revoluci\u00f3n del \u201cdon\u201d&#8221; &#8212; Movimiento de los Focolares\" data-secret=\"QGdJehDP97\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n<\/script>","description":"Cada d\u00eda nos bombardean con las im\u00e1genes de la sociedad de la apariencia. En todas las naciones, la globalizaci\u00f3n impone un modelo en el que la riqueza, el poder y la belleza f\u00edsica parecen ser los \u00fanicos valores. Sin embargo, basta con pararse a observar a las personas que encontramos cada d\u00eda en nuestras ciudades (en un tren, en el metro, en la calle) para darse cuenta de que existe una realidad diferente hecha de peque\u00f1os gestos cotidianos de solidaridad, padres que acompa\u00f1an a sus hijos al colegio, enfermeras que se levantan de madrugada para llegar a su puesto de trabajo, pr\u00f3ximas a las personas que sufren, trabajadores que desempe\u00f1an sus tareas con seriedad y compromiso en f\u00e1bricas, comercios, oficinas. Por no hablar de las numerosas acciones de voluntariado. Hace falta una mirada de verdad, capaz de ir m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias. Una mirada que valore lo positivo de cada persona, d\u00e1ndose cuenta de que son esos peque\u00f1os gestos cotidianos los que mantienen en pie a la sociedad. Y a\u00fan m\u00e1s revolucionarios son los gestos de quienes, a pesar de vivir en situaciones que rozan la pobreza, se dan cuenta de que a\u00fan pueden \u201cdar\u201d, acoger, compartir una comida o una habitaci\u00f3n porque siempre hay alguien \u00abm\u00e1s necesitado\u00bb. Y lo hacen por sentido de la justicia, con un coraz\u00f3n generoso y desinteresado. El don, lo sabemos, no es s\u00f3lo material. Chiara Lubich nos dec\u00eda: \u201cDemos siempre; demos una sonrisa, una comprensi\u00f3n, un perd\u00f3n, un o\u00eddo que escucha; demos nuestra inteligencia, nuestra voluntad, nuestra disponibilidad; demos nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras ideas (&#8230;), nuestra actividad; demos nuestras experiencias, nuestras habilidades, nuestros bienes reexaminados peri\u00f3dicamente para que nada se amontone y todo circule. Dar: que \u00e9sta sea la palabra que no nos d\u00e9 tregua\u201d[1].&nbsp; Esta idea es, pues, una invitaci\u00f3n a una generosidad que viene de dentro, de la pureza de los corazones que saben reconocer la humanidad sufriente reflejada en el rostro a menudo desfigurado del otro. Y es precisamente en este don donde nos encontramos m\u00e1s libres y m\u00e1s capaces de amar. Esta fue la experiencia de Etty Hillesum, una joven holandesa que vivi\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os, antes de morir, en un campo de concentraci\u00f3n en Auschwitz. Fue capaz, hasta el final, de amar la belleza de la vida y de dar gracias por \u201ceste don de saber leer en los dem\u00e1s. A veces las personas son para m\u00ed como casas con la puerta abierta. Entro y recorro los pasillos y las habitaciones, cada casa est\u00e1 amueblada de forma un poco diferente, pero al final es igual que las dem\u00e1s, hay que hacer de cada uno una morada consagrada&#8217; (&#8230;). Y all\u00ed, en aquellas chabolas pobladas por hombres aplastados y perseguidos, encontr\u00e9 la confirmaci\u00f3n de este amor\u00bb[2]. La totalidad del don es una l\u00f3gica que construye una comunidad pacificada, porque nos impulsa a cuidarnos unos a otros. Nos anima a vivir los valores m\u00e1s profundos en lo cotidiano, sin apariencias. Es un cambio de mentalidad que puede llegar a ser contagioso. Venant naci\u00f3 y creci\u00f3 en Burundi. Cuenta: \u201cEn el pueblo, mi familia ten\u00eda una buena granja, con una buena cosecha. Mi madre, consciente de que todo era un regalo de la naturaleza, recog\u00eda los primeros frutos y los repart\u00eda puntualmente entre el vecindario, empezando por las familias m\u00e1s necesitadas, d\u00e1ndonos s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de lo que quedaba. De este ejemplo aprend\u00ed el valor de la entrega desinteresada\u201d. [1] Conexi\u00f3n 23 abril 1992[2] Etty Hillesum, Diario"}