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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Fokolareen Mugimenduaren</provider_name><provider_url>https://focolares.es/eu</provider_url><author_name>Isabel de la Riva</author_name><author_url>https://focolares.es/eu/author/isabel/</author_url><title>La experiencia de sentirse extranjero - Movimiento de los Focolares</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="VfiKAeHKyY"&gt;&lt;a href="https://focolares.es/eu/idea-del-mes/octubre-2026/"&gt;Atzerritar sentitzearen esperientzia&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://focolares.es/eu/idea-del-mes/octubre-2026/embed/#?secret=VfiKAeHKyY" width="600" height="338" title="&#x201C;La experiencia de sentirse extranjero&#x201D; &#x2014; Movimiento de los Focolares" data-secret="VfiKAeHKyY" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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&lt;/script&gt;</html><description>Ser extranjero no es solo una condici&#xF3;n jur&#xED;dica o geogr&#xE1;fica. Es tambi&#xE9;n una experiencia humana que casi todos, de una manera u otra, hemos vivido alguna vez. Podemos sentirnos extranjeros cada vez que entramos en un contexto cuyos c&#xF3;digos desconocemos: un pa&#xED;s nuevo, un nuevo trabajo, una escuela, una residencia, un grupo social o incluso una familia que no es la nuestra. Tambi&#xE9;n podemos sentirnos extranjeros cuando las nuevas generaciones utilizan lenguajes y referentes que nos resultan incomprensibles, o cuando descubrimos que la sociedad a la que cre&#xED;amos pertenecer ha cambiado en una direcci&#xF3;n que ya no reconocemos. Todos sabemos qu&#xE9; significa sentirse fuera de lugar: una experiencia com&#xFA;n que puede ayudarnos a ponernos en la piel del otro. La historia de la humanidad ha sido siempre una historia de encuentros entre culturas. Si, por una parte, las migraciones han generado conflictos y dificultades, por otra han favorecido el intercambio, el enriquecimiento mutuo y la profunda transformaci&#xF3;n de las sociedades. Por eso podemos contemplar el fen&#xF3;meno migratorio no solo como una emergencia, sino tambi&#xE9;n como una oportunidad para renovar la familia humana. Es una invitaci&#xF3;n a salir de nuestras seguridades para ir al encuentro del otro. El verdadero reto es vivir este cambio de &#xE9;poca con una mirada capaz de descubrir las semillas de esperanza que las migraciones llevan consigo, transformando la acogida en un espacio donde construir fraternidad. Podemos empezar con peque&#xF1;os gestos. Acciones que pueden parecer insignificantes, pero que, unidas a las de muchas otras personas, forman una cadena silenciosa y real capaz de convertirse en un &#xAB;dique contra la barbarie&#xBB;. As&#xED; lo expresaba Chiara Lubich en una de sus &#xFA;ltimas intervenciones p&#xFA;blicas, en Londres, en junio de 2004: &#xAB;[&#x2026;] nuestra experiencia nos dice que, para quien hoy se dispone a mover las monta&#xF1;as del odio y de la violencia, la tarea es inmensa. Pero aquello que es imposible para millones de personas aisladas y divididas parece hacerse posible para personas que han hecho del amor mutuo, de la comprensi&#xF3;n rec&#xED;proca y de la unidad el motivo esencial de su vida. [&#x2026;]&#xBB;. Cuando vivimos as&#xED;, el di&#xE1;logo puede convertirse en una verdadera cultura del encuentro, en la que la diversidad de cada uno deja de ser una barrera y se convierte en un don para el bien com&#xFA;n. Como testimonio de ello, un p&#xE1;rroco suizo explica las &#xAB;lecciones&#xBB; que ha aprendido viviendo en un centro de acogida para personas migrantes. Por una parte, la toma de conciencia de hasta qu&#xE9; punto el racismo est&#xE1; latente en cada uno de nosotros; por otra, la extraordinaria fuerza transformadora que nace del encuentro: &#xAB;Solo un ejemplo: aqu&#xED;, en Lucerna, vivi&#xF3; con nosotros durante tres a&#xF1;os un joven de Ruanda. No ten&#xED;a documentaci&#xF3;n y, cuando lleg&#xF3;, estaba muy afectado psicol&#xF3;gicamente. Al principio no fue f&#xE1;cil. Pero, poco a poco, su personalidad original volvi&#xF3; a resplandecer y, con ella, tambi&#xE9;n nuestra comunidad plural floreci&#xF3; en una vida a&#xFA;n m&#xE1;s hermosa. &#xA1;Cu&#xE1;nto re&#xED;mos, celebramos, rezamos y superamos juntos incertidumbres y grandes retos! Nos convertimos en hermanos. Esto se hizo especialmente evidente el d&#xED;a de la partida, contra su voluntad, de este hermano nuestro ruand&#xE9;s. Cuatro polic&#xED;as vinieron a buscarlo a nuestra casa para devolverlo por la fuerza a su pa&#xED;s. Se sorprendieron mucho al encontrar all&#xED; a diez personas de diferentes nacionalidades que hab&#xED;an venido a despedirse de &#xE9;l y ver un ambiente sereno en una situaci&#xF3;n tan dif&#xED;cil. (&#x2026;) Han pasado cinco a&#xF1;os y sigue muy vivo, de un continente a otro, el profundo v&#xED;nculo familiar que se ha creado entre nosotros&#xBB;[1]. [1] &#xAB;Migrazioni: sfide e opportunit&#xE0;&#x201D; en: Ekklesia &#x2013; n.26 (2025/1)</description></oembed>
