La cercanía y mirada de León XIV sobre la realidad social y, especialmente, su profunda reflexión sobre el perdón frente a la violencia, dejaron la impresión de una Iglesia que quiere responder con lucidez y humanidad a los desafíos de nuestro tiempo.
La visita del Papa fue para mí un soplo de aire fresco. Tenía muy pocas expectativas y miedo de cierto retroceso respecto del Papa Francisco.
Pero me encontré un Papa pastor, con una Iglesia con los ojos abiertos, de frente a la sociedad y a la cultura, cumpliendo un rol necesario. Una Iglesia que habla asertivamente de la injusticia social y que genera serenidad; con palabras, que al menos a mí, me ayudan a entender que la Iglesia ve, siente y quiere responder con su misión evangélica a los desafíos y dolor de la sociedad hoy.
La pregunta sobre el perdón en el encuentro en Montjuic en Barcelona, tuvo una respuesta del Papa de una gran lucidez; porque además de reconocer el drama de los feminicidios, usando él mismo esta palabra, tuvo el tacto de explicar y acoger a la joven que contó su dramática historia respecto de su incapacidad de perdonar al padre agresor, quien está en la cárcel por intentar matar a su madre y asesinar al joven que la salvó de la muerte.
El perdón que el Papa León magistralmente nos ayudó a entender es el perdón primero, de sanar las propias heridas; después, el perdón que no significa volver al punto anterior para volver a ser herido por la persona que nos hizo daño; y por último, el perdón que no es automático, sino un proceso largo, que puede durar años e incluso toda la vida, y que podría incluso centrarse en el orar por quien nos ha dañado, porque perdonar es, sobre todo, reparar el daño y el dolor que injustamente nos han causado.
Pilar
Barcelona
