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Empezar de nuevo sin nostalgia

agosto 2024

El cambio siempre asusta, sobre todo cuando nuestras experiencias han sido fuertes y gratificantes. Lo experimentamos en todas las etapas de la vida, en nuestros estudios y en el trabajo, en todas las realidades políticas, sociales y organizativas, sobre todo cuando vivimos roles de responsabilidad que no queremos perder.

Nos gustaría que ciertas experiencias no acabaran nunca. Pero esto es engañarse. Permanecer en «experiencias verdaderas y bellas» no nos hace vivir la vida, porque la vida misma es cambio y esta es la dinámica que la hace fascinante incluso cuando es dolorosa.

Lo explicó muy bien Cicely Saunders, fundadora del primer hospital de paliativos moderno. Una mujer extraordinaria que como enfermera, trabajadora social y médico «inventó» una nueva forma de cuidar a las personas en sus momentos más difíciles. El tiempo de las experiencias reales, según ella, es un tiempo hecho de profundidad más que de duración. «Las horas de las relaciones reales parecen pasar en un instante, mientras que los días aburridos parecen no pasar nunca. Pero con el pasar de los años, las horas auténticas quedan impresas para siempre, los días inútiles se desvanecen en la nada»[1].

Estos momentos genuinos -incluso cuando se viven en el dolor y la oscuridad- pueden transformarse, tal vez con asombro y emoción, en ocasiones de profunda paz y de luz. Estos pasajes, sobre todo cuando van acompañados de una auténtica relación con los demás, pueden ayudarnos y darnos fuerzas para afrontar las dificultades, las pruebas, los sufrimientos y las fatigas que encontramos en el camino. Nos animan a empezar de nuevo sin miedo afrontando con audacia lo que nos espera yendo al encuentro del otro y acogiendo los dolores de la humanidad que nos rodea, poniéndonos en juego, a su vez, con el deseo de llevar, allí donde falta, esa luz y esa paz que nosotros mismos hemos experimentado.

Dietrich Bonhoeffer decía: «el tiempo perdido sería un tiempo no vivido en el que no hubiéramos amado»[2].

¿Qué ocurre cuando estas verdaderas experiencias parecen desaparecer y ya no están ahí? ¿Quita esto valor a la experiencia y a las raíces? En absoluto. El valor de la memoria es el fundamento mismo del progreso humano. Además, como dice el filósofo George Santayana, «quien no recuerda el pasado está condenado a repetirlo».

Hubo quienes antes que nosotros gastaron sus vidas por nuestra libertad y felicidad. Debemos ser capaces de volver a las experiencias que han cimentado nuestra vida personal y la de nuestros grupos para tener la fuerza de volver a empezar siempre, incluso en tiempos de duda, fragilidad y cansancio.


[1] Cicely Saunders. Premio Templeton 1981
[2] Dietrich Bonhoeffer. “Resistencia y rendición» cartas y escritos desde la cárcel

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