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20 años de «Levántate y anda»

Durante todos estos años, incansable impulsor de ayuda concreta en sus múltiples proyectos en Costa de Marfil.

Ellos, siendo pobres, nos hacen ricos

Nacho Suárez es un focolarino que vive en el focolar de Sevilla. Su experiencia es de esas que no parecen reales… hasta que un día sucede; tal como él cuenta: «A menudo pasaba por los pórticos del Mercado del Arenal de Sevilla; también aquel viernes de septiembre…».

En la parroquia me habían pedido llevar la comunión a los enfermos. Llevaba en el bolsillo de la chaqueta a Jesús Eucaristía y me sentía envuelto en emociones y sensaciones profundas. Mi encanto interior se rompió justamente cuando estaba bajo los pórticos del Arenal: unas palabras que no entendía, un fuerte olor a alcohol y una mano mugrienta sobre mi brazo. No hice caso, ni siquiera volví mi cara para ver quién era, decidido a seguir mi camino. Sin embargo, dos o tres pasos más adelante, sentí que Jesús Eucaristía me decía en lo más profundo de mi ser: “También ese soy Yo”.

Di media vuelta y fui hacia el hombre, le pedí perdón por no haberle hecho caso y, tras obtenerlo, le di un abrazo. No sé cómo, pero frente a mí ya no estaba aquel hombre borracho, sucio y maloliente; ¡era Jesús!
E inmerso en el amor que estaba experimentando, dije en mi interior “sí” a Jesús. Ya no sabía si considerarme afortunado por llevar conmigo la Eucaristía o por haber abrazado ese rostro de Jesús en aquel hombre.

Así como cada día iba a encontrar a Jesús en misa o lo visitaba en el Sagrario de la iglesia, comencé igualmente a ir cada día a encontrarlo entre y en esas personas que vivían día y noche bajo los pórticos del Arenal. Había gente que consideraba ese lugar el infierno, pero yo pensaba: Dios Amor bajó a los infiernos de mi existencia; y yo ahí, en ese “infierno”, encontré mi Cielo, mi Paraíso, porque ahí estaba Jesús.

Nunca fui con la intención de llevarles cosas, pues nada me pedían. Me limitaba a llamarles por su nombre, a sentarme en el suelo junto a ellos… Cuando llegó Nochebuena, por ejemplo, un joven y yo fuimos a celebrarla allí con ellos. Desde entonces, cada año celebramos así la cena de Nochebuena y, actualmente, las personas que vamos… ¡somos casi tantos como ellos!

Han pasado ya casi ocho años y han sucedido muchas cosas…

Con el tiempo, Cáritas parroquial me ofreció la posibilidad económica para poder llevarles el desayuno caliente; y se ha llegado hasta 620 desayunos al mes.

Según pasaban los días, meses y años, comencé a encontrar la misma realidad en otras calles y plazas de mi entorno. Lo que empezó siendo algo personal, ahora es también de otros muchos: contamos con la comunidad de los Focolares de Sevilla y de Córdoba, con algunas Cáritas Parroquiales y con otras personas.

En Sevilla nació el “Proyecto Chiara Luce” como casa para jóvenes inmigrantes. En estos días, se ha empezado a construir en Córdoba un proyecto que hemos llamado “GRACIAS”, donde la comunidad de los Focolares del lugar, con ayuda de otras personas, ha acogido a Ibrahim y Patrick de Camerún. Esto comenzó con un piso que podía acoger hasta cuatro personas en situación de vulnerabilidad. Habiendo sido acogidos, acompañados y atendidos por una comunidad, se han “levantado” y ya caminan hacia una inserción socio-laboral.

Gracias a la colaboración material, espiritual y con oraciones, ha sido posible cubrir necesidades básicas, aportando ropa, zapatos, billetes de tren y de autobús… incluso pasajes de avión, lo que les ha permitido regresar a donde, quizás, alguien les esperaba. A otras personas las hemos acompañado a obtener “los papeles” o a encontrar trabajo y casa, como ocurrió con una familia joven de Perú.

Sí, a veces siento miedo …

Pero al encontrarme con Jesús en ellos, el miedo desaparece. Jesús dijo en el Evangelio “Yo soy el camino […]” (Jn 14:6); diría que es ese camino lo que me asusta. Pero Él no sólo es el Camino, Él se ha hecho caminante, camina conmigo, caminamos juntos; y es ahí donde ya no hay espacio para el miedo. En este recorrer Su Camino con Él, no vamos solos. Experimentamos que no andamos detrás de Jesús, sino con Jesús.

No tengo un proyecto, tengo una historia

¡Una historia de amor! Historia que comenzó un viernes de septiembre de 2018 y continúa hasta hoy. Si hay un proyecto, este lo tiene Dios. Yo sólo sé que ellos, siendo pobres y vulnerables, nos han hecho ricos y fuertes a los que hemos ido a hacerles compañía.
Tengo… si algo tengo claro, es esto: Ser sacramento tangible del amor de Dios para todos y cada uno, siendo a su vez consciente de que Jesús, como en Caná de Galilea, sólo me pide – nos pide – llenar los cántaros de agua; el milagro de transformar el agua en vino lo hace Él.

Nacho Suárez

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