Más de 250 personas participaron en el encuentro anual de Familias Nuevas, celebrado del 24 al 26 de abril en el Centro Mariápolis Luminosa (Madrid). Bajo el lema «Volver a lo esencial», familias con trayectorias muy diversas compartieron tres días de oración, formación y testimonios para redescubrir que la cercanía, la comunión y el amor vivido en lo cotidiano siguen siendo el corazón de la vida familiar.
¿Cómo vivir hoy la cercanía en la familia? Esa fue la pregunta que recorrió el encuentro anual de Familias Nuevas, inspirado en los tres primeros aspectos de la Espiritualidad de la Unidad: la unión con Dios, la comunión y el testimonio. A través de meditaciones, experiencias de vida y espacios de diálogo, los participantes profundizaron en la convicción de que la familia puede ser un lugar donde el Evangelio se hace vida y se concreta.
Las intervenciones no ofrecieron modelos ideales, sino historias reales: familias marcadas por enfermedades, separaciones, con hijos con necesidades educativas especiales o con diversidad de orientaciones sexuales; adopciones, matrimonios donde los cónyuges viven la fe de forma diferente… Todas compartieron cómo han descubierto que Dios sigue actuando precisamente en medio de la fragilidad. La proximidad —se subrayó durante el encuentro— no es una estrategia, sino un estilo de vida que nace de poner a Dios en el centro y se expresa en la escucha, el perdón, la acogida y el cuidado. Así, la familia, aun con sus límites, puede convertirse en un signo creíble de esperanza.

Uno de los momentos más significativos fue la mesa redonda dedicada a estas distintas realidades familiares. De ella quedaron expresiones que sintetizan el espíritu del encuentro: «Acoger a los hijos como son y no como pensamos que deberían ser», «El amor de Dios llega a los hijos a través de nuestro amor» o «Dios habita en nuestras casas, incluso cuando están en obras».
También hubo un tiempo de adoración eucarística en el que niños, adolescentes y adultos rezaron juntos por la paz y por las familias que sufren las consecuencias de la guerra y tantas formas de violencia. Ese momento de oración reforzó la experiencia de comunión vivida durante todo el fin de semana y el deseo compartido de hacer presente esa misma cercanía en los ambientes que se frecuentan en el día a día.

El encuentro sirvió también para dar a conocer algunas iniciativas de acompañamiento impulsadas por Familias Nuevas, dirigidas a matrimonios en momentos de dificultad, familias con hijos de diversas orientaciones sexuales y de apoyo a proyectos de solidaridad internacional. Son expresiones concretas de una comunión que busca traducirse en apoyo mutuo y en una atención cercana a las necesidades de las familias.
Entre los numerosos testimonios finales, uno resumía con especial fuerza lo vivido durante esos días. Una participante, que acudía por primera vez, compartía:
«Vengo por primera vez tras una vida de no creer en Dios. Hace pocos meses fui a una hora santa por curiosidad y viví una experiencia sobrenatural. Una amiga me invitó este fin de semana y mi marido y yo hemos vivido algo único que nos ha hecho pensar: nosotros queremos lo que tienen estas personas».
Al concluir el encuentro, muchos regresaron a sus hogares con una convicción renovada: volver a lo esencial significa redescubrir a Dios como centro de la vida familiar y dejar que su amor transforme las relaciones cotidianas. Desde esa experiencia nace una familia abierta, acogedora y capaz de ofrecer esperanza también a quienes la rodean.