Cerca de cien personas de distintas culturas y tradiciones religiosas se reunieron en Cartagena para celebrar la creación y descubrir, a través de gestos sencillos, la fraternidad que las une.
El agua puede limpiar, sanar y dar vida. También puede convertirse en un símbolo de encuentro. Así lo vivieron cerca de cien personas que participaron en el encuentro Tiempo de la Creación: Agua viva, celebrado en Casa Moncada, en La Palma (Cartagena).
Desde hace más de diez años, esta iniciativa reúne a personas de distintas tradiciones religiosas en torno al respeto por la naturaleza. En esta edición participaron musulmanes, católicos, cristianos de otras confesiones y fieles de la fe bahá’í, procedentes de diferentes contextos culturales, entre ellos España, Marruecos y diversos países africanos. Las comunidades de los Focolares de Aljucer y Murcia colaboraron en la organización.
Oraciones, cantos, expresión corporal y contacto con la naturaleza fueron dando forma a una jornada de celebración y diálogo. Pero uno de los momentos más significativos llegó con un gesto sencillo: lavarse las manos unos a otros, libremente, entre personas que quizá pocas veces habían compartido una experiencia así.
El gesto, realizado entre personas de distintas culturas y religiones, se convirtió en una expresión concreta de respeto, cercanía y cuidado mutuo. Más allá de las diferencias, todos podían ofrecer y recibir el mismo gesto de atención.
La jornada recordó que cuidar la creación y construir fraternidad son caminos que se encuentran. Reconocer el daño ecológico y asumir la responsabilidad de restaurar nuestra Casa Común requiere también aprender a acercarnos a los demás, descubrir su dignidad y trabajar juntos.
Una celebración de la naturaleza que dejó una invitación abierta: hacer del diálogo y del cuidado mutuo una forma cotidiana de construir paz.
