He de confesar algo: he sido, soy y seré muy fan de papa Francisco.
Dicho esto, también he de confesar que cuando eligieron al actual papa León XIV lo miré con un cierto recelo, haciendo lo más fácil, que es ponerlo bajo la lupa constante de la comparación con su predecesor.
Pues bien, afortunadamente, su visita a España ha dinamitado cualquier reserva previa y me ha hecho descubrir a un pastor cercano, sencillo, sereno, contundente en el mensaje, valiente en la defensa de la dignidad humana, sin miedo porque se sabe portador de la luz y fuerza de las palabras de Jesús.
Hemos oído sus mensajes, y no voy a entrar a realizar un análisis de su contenido, tan solo quiero remarcar que en todos ellos cualquier ser humano (creyente o sin especial referencia religiosa) puede encontrar algo que ilumine su camino vital. En esto radica, posiblemente, la idea de que el anuncio de la Buena Nueva es universal.
Quiero destacar algún detalle en el actuar del Papa León XIV que me ha impactado, principalmente porque me ayuda a entender más cómo debe ser mi actitud hacia los demás.
En primer lugar, destaco su presencia.
A pesar de los horarios prefijados, del protocolo, de la seguridad, es un Papa que transmite cercanía, que antepone el saludo, el abrazo, la sonrisa a las prisas del «llegar a tiempo» al escenario. Esta presencia me ha interpelado sobre qué tipo de presencia es la mía …
En segundo lugar, destaco su actitud de mirar frente a frente las heridas.
En cada respuesta dada no ha huido del dolor expresado por el interlocutor; al contrario, lo ha acogido profundamente, intentando comprender las causas, poniendo nombre al sufrimiento y enseñándonos a no decir palabras vacías y superficiales en un intento estéril de aliviar a quien sufre, porque lo que prima es acompañar, y hablar, en todo caso, después. Y acto seguido surge la pregunta: ¿Y cómo miro yo el dolor y me aproximo a quien sufre?

Y por último un tercer punto a comentar. Soy catalana, y destaco el esfuerzo del Papa por hacernos llegar su mensaje también en catalán. Un esfuerzo que ha ido mucho más allá de salvar un escollo político, con un deseo profundo de cercanía para que cada persona se sintiese amada en su lengua, en aquella en la que se expresa, piensa, ríe, llora y ama. Dios nos habla a cada uno en nuestra propia lengua, y creo que el Papa León XIV lo sabe, conoce su importancia y desea ser transmisor de ese amor genuino de Dios hacia cada criatura. ¿Amo también yo como cada uno desea y necesita ser amado?
El paso de Papa León por nuestra tierra ha sido de gran luz para mí, siento que me inspira y da pistas de cómo debo cada día intentar vivir.
Inma
Barcelona