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Palabra de Vida

«¿Crees esto?» (Jn 11, 26)

¿Creer?

enero 2025

En el diálogo entre personas de diferentes culturas y orientaciones religiosas, un tema recurrente es la pregunta: «¿se puede tener siempre esperanza? ¿Y en qué?».

Es una pregunta que resuena con mayor intensidad en los momentos de dificultad o ante la derrota o el sufrimiento más atroz o también ante las decepciones en un ideal o en un conjunto de valores que nos habían fascinado.

Es precisamente en esos momentos de duda cuando nos sentimos empujados a reconsiderar nuestras propias convicciones, valores y creencias en las que hemos puesto nuestra esperanza y con ellas, encontrar la fuerza para afrontarlas y hacer surgir la grandeza del ser humano, capaz de caer y volver a levantarse, de experimentar la debilidad de forma consciente, sin inútiles expectativas milagrosas.

Creer es mucho más que esperar una solución a nuestros problemas, es más bien un impulso que te permite seguir caminando. La vida, precisamente en esos momentos, puede convertirse misteriosamente en un auténtico regalo.

Creer en algo que da sentido a la vida no es como aceptar un contrato que se firma una vez y luego no se vuelve a mirar, sino que es un hecho que transforma e impregna cada elección cotidiana.

Una pequeña ayuda para vivir así es no pensar en situaciones extremas, que sólo pueden asustarnos y bloquearnos, sino afrontar las pequeñas dificultades de cada día, compartiéndolas con nuestros amigos.  De este modo, si no desfallecemos, descubriremos que cada día puede proporcionarnos una nueva oportunidad para creer y dar esperanza a quién está a nuestro lado. Es la fuerza de la amistad que busca el bien del otro. Cuando todo va bien, es más fácil sentirse fuerte y valiente. Pero cuando experimentamos vulnerabilidades es cuando podemos construir algo que no pasa y que permanecerá después de nosotros. Es la convicción que se adquiere cuando se ha compartido la vida con alguien que ha creído más allá de todo, que ha luchado y sufrido y que se ha hecho cercano a todos con su amor. Estas personas, después de terminar su vida en esta tierra, dejan una huella tal y su recuerdo permanece tan vivo que -misteriosamente- nos hace decir, incluso más allá de nuestra referencia religiosa o no religiosa: «Creo, creo. ¡Seguimos juntos!».

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