Del 18 al 25 de enero, comunidades cristianas de toda España se han unido en la Semana de Oración por la Unidad, compartiendo fe, encuentro y un deseo común de fraternidad.
«Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados».
Este es el lema escogido para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año 2026, que se celebra anualmente del 18 al 25 de enero. En un mundo en el que coexisten diversas tradiciones y expresiones de fe, tantas veces en división, este lema (Efesios 4,4) nos recuerda que todos los creyentes forman parte del «único cuerpo» de Cristo.
Para este año, las oraciones y reflexiones han sido preparadas por los fieles de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con sus hermanos y hermanas de las Iglesias armenia católica y evangélica. La Iglesia Apostólica Armenia es considerada como una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. Hoy en día se erige como un faro de fe, de unidad y resiliencia para los armenios de todo el mundo, y sigue aportando una perspectiva que resuena en la comunidad cristiana mundial.
Los recursos propuestos se basan en tradiciones centenarias de oración y peticiones utilizadas por el pueblo armenio, junto con himnos que se originaron en los antiguos monasterios e iglesias de Armenia, algunos de los cuales se remontan al siglo IV. Esta semana invita a recurrir a esta herencia cristiana común y a profundizar en nuestra comunión en Cristo.
Como en años anteriores, varias comunidades del Movimiento de los Focolares nos hemos unido y hemos promovido estas celebraciones ecuménicas: Zaragoza, Valladolid, San Sebastián, Madrid, Cuenca, Cáceres, Badajoz, Granada, Jaén, Cartagena y Cádiz, entre otras. Celebraciones de todo tipo: algunas solemnes en catedrales, otras más sencillas en la asociación de vecinos de un barrio de Jaén, pero todas con el mismo deseo de construir la unidad con paciencia, humildad y confianza en el tiempo de Dios.
Una unidad que, como decía el arzobispo de Madrid, “nace del corazón de cada uno y de cada una de nuestras comunidades cuando hacemos el compromiso de aceptar la propia fragilidad y la del otro, de renunciar a la autosuficiencia espiritual y dejar a Dios actuar”.
En todos los encuentros con las diversas Iglesias —ortodoxa, evangélica, reformada y anglicana— hemos experimentado la alegría del encuentro y el estrechar lazos de fraternidad. También hemos renovado juntos el deseo de responder a esta llamada a la unidad como algo concreto y cotidiano. Viviendo en unidad, damos testimonio del amor de Dios y aprendemos a reconocernos en la riqueza de nuestros dones, caminando como hermanos y hermanas al servicio de un mundo más unido.