El CEIP Virgen de la Soledad volvió a demostrar que la grandeza no se mide en número de alumnos, sino en valores. El pasado 30 de enero de 2026, el pequeño colegio de Bolea, con apenas 20 niños y niñas de entre 2 años y 6º de Primaria, celebró el Día Escolar de la No Violencia y la Paz con un mensaje claro: la paz se construye cada día.
La fecha no es una más en el calendario del centro. Forma parte de las actividades de la red internacional Living Peace, un proyecto que impulsa la paz como una práctica real y cotidiana, capaz de educar, unir y transformar comunidades.
De ese compromiso nació hace tiempo uno de los símbolos más reconocibles del municipio: el Dado Gigante de la Paz. La escultura, ubicada en el parque junto a la iglesia, se ha convertido en un referente para vecinos y visitantes. Tanto es así que el espacio es conocido hoy popularmente como el Parque de la Paz.

El Día Escolar de la No Violencia y la Paz todo el alumnado se trasladó hasta el Parque de la Paz para vivir una mañana diferente: juegos cooperativos y colaborativos en torno al Dado Gigante de la Paz. No se trataba solo de celebrar una fecha señalada, sino de experimentar la paz como una forma real de relacionarse, ayudarse y convivir.
De regreso al aula, la jornada tomó un tono más reflexivo. Inspirados en la propuesta de Unai Quirós, el alumnado se lanzó a buscar la “fórmula de la paz”. Entre preguntas, diálogo y participación activa, llegaron a una conclusión tan sencilla como poderosa: la paz se construye con ciencia, paciencia y conciencia; una receta que, según ellos mismos, necesita ingredientes imprescindibles como la empatía, la escucha, el respeto y, de nuevo, mucha paciencia.
Durante el día también se realizó una manualidad cargada de simbolismo. El alumnado elaboró pequeñas cometas de colores para colgarlas en sus mochilas, un gesto sencillo pero de hondo significado: las cometas, capaces de cruzar límites invisibles en el cielo, representan una paz universal, sin fronteras.
El mensaje es claro: igual que una cometa necesita equilibrio entre el viento y quien sostiene el hilo, la paz solo vuela cuando existe armonía entre los desafíos y la voluntad humana de superarlos. En Afganistán, donde volarlas es una tradición ancestral que durante años estuvo prohibida, hoy se han convertido en símbolo de libertad y esperanza.
Pero el colegio quiso ir un paso más allá y llevar su mensaje de paz al mundo. Surgió entonces la idea de contactar con un colegio que viviera una situación difícil a causa de la guerra.
Así comenzó una relación con una escuela de Afganistán, también vinculada a Living Peace. A través de cartas y correos electrónicos, nació una relación llena de respeto, emoción y cercanía entre ambos centros. Para apoyarles, el alumnado de Bolea decidió vender pulseras hechas a mano y camisetas del colegio, logrando recaudar 200 euros, que fueron enviados con mucha ilusión. El 3 de febrero de 2026, el dinero llegó a su destino.
Desde la escuela afgana agradecieron profundamente el gesto y explicaron que ayudarían a una escuela de más de 500 niños y niñas, y que parte de la ayuda se destinaría, de forma discreta, a apoyar la educación de las niñas, que allí no tienen garantizado su derecho a aprender.
Más allá de la ayuda económica, lo más valioso ha sido la relación humana creada, los nuevos amigos, las palabras compartidas y la certeza de que la paz se construye con pequeños gestos reales.
Como bien dice una de las frases que ha acompañado esta experiencia: “Una sola gota no es el mar, pero sin gotas el mar no existiría.”
Desde Bolea, ese mar de paz ya ha empezado a crecer.

