2 de noviembre
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios
Construyamos la paz
1 de noviembre
Palabra de vida
Recientemente, un observatorio creado por tres universidades italianas ha señalado que en un año ha habido más de un millón de mensajes de odio en la red, y cada vez son más violentos los dirigidos a extranjeros, a judíos y sobre todo a mujeres. Está claro que no podemos generalizar, pero cada uno de nosotros ha experimentado en la familia, en el trabajo, en el ámbito deportivo, etc. comportamientos conflictivos y ofensivos y rivalidades que dividen y ponen en peligro la convivencia social. Además, más globalmente, hay en el mundo 56 conflictos armados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial, con un altísimo número de víctimas civiles. Ante este panorama, resuenan más provocadoras, verdaderas y fuertes que nunca las palabras de Jesús: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». «Todo pueblo y toda persona tiene un profundo anhelo de paz, de concordia y de unidad. Pero a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad, después de milenios de historia nos vemos incapaces de mantener una paz estable y duradera. Jesús vino a traernos la paz, una paz –nos dice– que no es como la que “da el mundo” (Jn 14, 27), porque esta no es solo ausencia de guerra, de luchas, divisiones y traumas. Su paz es también todo esto, pero es mucho más: es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es justicia y fraternidad en el amor entre todos los pueblos»[1]. La palabra de vida de este mes es la séptima de las bienaventuranzas, con las que inicia el discurso de la montaña (Mt 5-7). Jesús, que las encarna todas, se dirige a sus discípulos para instruirlos. Hay que señalar que las ocho bienaventuranzas están formuladas en plural. De ello podemos deducir que no se pone el acento en un comportamiento individual o en virtudes personales, sino más bien en una ética colectiva que se practica en grupo. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». ¿Quiénes son los que trabajan por la paz? Esta «bienaventuranza es la más activa y explícitamente operativa; la expresión verbal es análoga a la que se utiliza en el primer versículo de la Biblia para la creación, e indica iniciativa y laboriosidad. El amor es por naturaleza creativo […], busca la reconciliación a cualquier precio. Son llamados hijos de Dios aquellos que han aprendido el arte de la paz y lo practican, quienes saben que no hay reconciliación sin dar la vida y que hay que buscar la paz siempre y en cualquier caso. […] No se trata de una obra autónoma fruto de las capacidades que uno tiene: es una manifestación de la gracia que hemos recibido de Cristo, que es nuestra paz, que nos ha hecho hijos de Dios»[2]. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Entonces, ¿cómo vivir esta palabra? Ante todo, difundiendo por todas partes el amor verdadero. Luego, interviniendo cuando la paz esté amenazada en nuestro entorno. A veces basta escuchar a las partes enfrentadas con amor, hasta el fondo, para ver una salida. Además, no nos rendiremos mientras no se restablezcan las relaciones interrumpidas, en muchos casos debido a una pequeñez. Podríamos poner en marcha –en la entidad, asociación o parroquia de la que formamos parte– iniciativas concretas dirigidas a desarrollar una mayor conciencia de la necesidad de paz. Hay en el mundo miles de propuestas, grandes y pequeñas, que actúan en esta dirección: marchas, conciertos, encuentros; y también el voluntariado activa una corriente de generosidad que construye la paz. Hay además programas de educación a la paz, como Living Peace[3]. A día de hoy, más de 2.600 colegios y grupos se adhieren a este proyecto, y más de dos millones de niños, jóvenes y adultos de los cinco continentes participan en sus iniciativas. Entre ellas está el lanzamiento del «dado de la paz» –inspirado en el dado del arte de amar de Chiara Lubich[4]–, en cuyas caras están escritas frases que ayudan a construir relaciones de paz; y también una iniciativa que se desarrolla en todo el mundo, el Time-out: cada día a las 12.00 se hace un minuto de silencio, de reflexión o de oración por la paz. Augusto Parodi y el equipo de la Palabra de Vida [1] C. Lubich, Palabra de vida de enero de 2004, en Ciudad Nueva n. 405 (1/2004), 22.[2] Francisco, Audiencia general, 15-4-2020: La ley de Dios. Catequesis sobre los mandamientos y las bienaventuranzas, Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 155-156.[3] http://livingpeaceinternational.org.[4] C. Lubich, El arte de amar, Ciudad Nueva, Madrid 2006, 2012.
Trabajar por la paz
Vivimos un tiempo en el que las tensiones, los conflictos y los mensajes de odio parecen multiplicarse: en las redes sociales, en el trabajo, en la política, incluso en las familias. También a escala global los conflictos armados alcanzan cifras que no veíamos desde hace décadas. Todo esto nos recuerda que la paz nunca está garantizada, sino que necesita ser construida cada día. Ante esta realidad, las palabras de Chiara Lubich en 2004 son también para hoy: «Todo pueblo y toda persona tiene un profundo anhelo de paz, de concordia y de unidad. Pero a pesar de los esfuerzos y la buena voluntad, después de milenios de historia nos vemos incapaces de mantener una paz estable y duradera. (…) porque la paz no es solo ausencia de guerra, de luchas, divisiones y traumas». La verdadera paz «es plenitud de vida y de alegría, es salvación integral de la persona, es libertad, es justicia y fraternidad en el amor entre todos los pueblos». Trabajar por la paz requiere ponerse en acción, tomar la iniciativa, a veces con creatividad. También cada uno de nosotros puede ser un “artesano de paz”: en lo pequeño del día a día y también en lo grande, uniéndonos a iniciativas globales que promuevan la concordia y la colaboración. El proyecto Living Peace[1]donde el deseo personal de hacer algo en favor de la paz, se ha convertido en un programa de educación a la paz. Actualmente más de 2.600 colegios y grupos se adhieren a este proyecto, y más de dos millones de niños, jóvenes y adultos de los cinco continentes participan en sus iniciativas. Entre ellas está el «dado de la paz» en cuyas caras están escritas frases que ayudan a construir relaciones de paz y que cada uno trata de poner en práctica. Recientemente en un webinar titulado “Perdón y paz: el coraje de las decisiones difíciles”[2], se ponía en evidencia la importancia del perdón y de la reconciliación para ser artífices de paz reconstruyendo aquello que se había roto. Por último, otro ejemplo es el del Método Rondine[3]: un laboratorio a cielo abierto para salir de la lógica del enemigo. Israelíes y palestinos, serbios y bosnios, armenios y azeríes, pero también malienses, nigerianos y colombianos, y últimamente rusos y ucranianos, han construido un camino viable para reparar las relaciones destruidas por el odio y construir vínculos sólidos a favor de la paz. Entre todos los jóvenes que se han acercado en estos treinta años a la Ciudadela de la Paz, un pequeño pueblo medieval a las puertas de Arezzo, hoy encontramos políticos, embajadores, empresarios, jóvenes líderes que ponen su vida al servicio de sanar las heridas de esos conflictos dolorosos, sentando las bases de un futuro que entrelaza relaciones pacificadas y desarrollo. Para vivir esta Idea, propongámonos sembrar paz allí donde estemos, porque cada paso hacia la paz nos hace más plenamente humanos y acerca a toda la sociedad a un horizonte de justicia y fraternidad. [1] http://livingpeaceinternational.org[2] https://www.youtube.com/watch?v=F5zkU3b6H3o&t=2008s[3] https://rondine.org/en/who-we-are/.