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Palabra de vida

«El que fue sembrado en tierra buena es el que oye la Palabra y la comprende: este sí que da fruto» (Mt 13, 23).

Acoger la sabiduría

julio 2026

Si prestamos atención al mundo que nos rodea, nos damos cuenta de que a menudo lo que prevalece es el ruido de las opiniones. Todos desean decir la suya y se multiplican los espacios de debate en los que parece que todos lo saben todo. Sin embargo, no siempre encontramos en ellos auténtica sabiduría; a veces, por el contrario, se corre el riesgo de favorecer la superficialidad, la ignorancia y un progresivo empobrecimiento cultural.

Ante este panorama, ¿qué merece realmente ser escuchado? Existen palabras y Palabras. ¿Qué las distingue? Podemos llamar Palabras, con P mayúscula, a aquellas —escritas o pronunciadas— que, una vez hechas propias, tienen la capacidad de transformarnos. Son palabras que expresan sabiduría, porque ofrecen una clave de lectura de la existencia humana, del deseo de trascendencia y de las relaciones que unen a los seres humanos entre sí y con la naturaleza. Como escribió Rabindranath Tagore, poeta, filósofo y escritor indio: «Las palabras llegan al corazón cuando han salido del corazón».

La Palabra no pertenece a una época, a un lugar concreto o a una religión. Xavier Melloni, antropólogo, teólogo y fenomenólogo de la religión, observa que para algunos la Palabra está inspirada por el Espíritu Santo, mientras que para otros es fruto de la iluminación de la conciencia. Pero ¿cómo reconocer cuándo nos encontramos ante la Palabra? «Podemos decir que la Palabra es aquello que nos hace capaces de abrirnos a los demás, de entregarnos y de permanecer en silencio, yendo más allá de nosotros mismos hacia una profundidad cada vez mayor. La palabra auténtica es vital y genera vida»[1]. Así, la Palabra, entendida en un sentido amplio, libera de los vínculos a los que estamos sometidos; no depende de intereses ocultos, no es coercitiva, pero se convierte en idolatría cuando deja de ser sabia.

Y, sin embargo, la Palabra no resuena siempre del mismo modo en nuestro interior, incluso cuando está expresada con las mismas palabras. Su acogida está estrechamente ligada al momento de la vida que estamos atravesando. La superficialidad, las preocupaciones afrontadas con autosuficiencia o la indiferencia son obstáculos que impiden que la Palabra dé fruto en nosotros y, a través de nosotros, en los demás.

La Palabra sabia se convierte en un sólido punto de referencia en el camino del ser humano. A veces nos ofrece respuestas; otras veces suscita nuevas preguntas; nos permite contemplar las cosas desde una perspectiva diferente y abrirnos a dimensiones de la realidad que antes no lográbamos percibir; nos hace libres y nos conduce a experimentar aquello que es verdaderamente esencial para nuestra existencia. Solo la Palabra auténtica, la Palabra sabia, puede transformar nuestra manera de pensar y de actuar. Aceptada y vivida, nos ayuda a dar un mayor significado a nuestra existencia, a vivir relaciones más profundas y a construir juntos una sociedad más humana y fraterna.

Cuenta Jordi: «Cada encuentro con la Palabra es personal e íntimo. Mi encuentro con la Palabra llegó después de años centrados en el trabajo y la tecnología. La lectura de libros de distintos ámbitos —biografías, novelas, filosofía, etc.— despertó en mí la búsqueda de la sabiduría para dar sentido a las grandes preguntas de la vida, sostener mi existencia y comprender por qué la Palabra se manifiesta de formas tan diversas y aparentemente contradictorias. En este camino conocí la sabiduría de Chiara Lubich, expresada en una relectura nueva y vital del Evangelio y testimoniada por un estilo de vida estimulante. A pesar de su carácter confesional, demostró ser capaz de entrar en sintonía con personas que, como yo, no tienen convicciones religiosas y de implicarlas en el camino de la fraternidad».

Este mes alimentémonos de Palabras sabias, hagámoslas nuestras y transformémoslas en vida. Y, si tenemos la oportunidad, compartamos los frutos que generan con quienes, como nosotros, están en camino. De este modo construiremos juntos una convivencia más humana y llena de significado.

Esta reflexión se inspira en la intervención de Jordi Illa en el Congreso Internacional promovido por el Centro para el Diálogo con Personas de Convicciones no Religiosas en 2013, titulado «La Palabra».


[1] Véase Xavier Melloni, Vers un temps de síntesi, Fragmenta Editorial, Barcelona, 2011, p. 55.

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